No pierdo la noción del tiempo gracias al reloj digital que me regaló mi madre por navidades, siempre miro la hora en mi móvil pero se quedó sin batería, ahora que lo recuerdo, en la segunda gaveta de la mesita de noche tengo una batería externa cargada, lista para usar.
Son las doce de el medio día, llevo casi 24 horas encerrado en el baño, estoy agotado, empiezo a tener sed y me niego a beber agua del grifo, sigo esperando a mi suerte y no es por dramatizar pero hace rato que no oigo a la hija de la vecina, tengo que pensar en algo cuanto antes, no puedo quedarme aquí toda la vida, piensa Airam, piensa.
Acabo de escuchar una puerta, espera, parece la voz de una mujer saludando al entrar. Madre mía, se acaban de oír unos golpes fortísimos y una mujer esta chillando, algo esta pasando ahí fuera, tengo que salir de aquí como sea, creo que es la vecina, puede necesitar ayuda.
Dios, ¿pero que esta pasando? no puedo creerlo, salí del baño y al girar la vista hacía mi derecha allí estaban, la niña se había lanzado sobre su madre dándole mordiscos por el cuello y por todo el cuerpo, podía ver como saltaban los cachos de carne sobre un charco de sangre, era impresionante, parecía una película de terror. Tardaré tiempo en olvidar la cara de esa mujer pidiendo ayuda, por mucho que intenté ayudarla ya era demasiado tarde, no podía hacer nada por ella, su hija se la estaba comiendo y yo podría ser su segundo planto.
Cogí una figura del mueble del recibidor, era como la cabeza de un caballo, se la tiré a la niña con todas mis fuerzas, le di en toda la cara, casi le salta la cabeza de un golpe pero no parecía dolerle, esa niña era inmune al dolor, la madre seguía tumbada y no se movía, temía lo peor, la vecina muerta y su hija la loca quería comerme a mi también, por un segundo me quedé en estado de shock, mi mente y mi cuerpo estaban paralizados, solo podía pensar en esa pobre mujer y en que tenía que salir de allí cuanto antes, eso si quería seguir con vida. Por la ventana no era una opción en un cuarto piso, y por la puerta no podía salir porque estaba la hija de la vecina, por suerte, recordé que no había cerrado la puerta de mi terraza.
Salí de allí corriendo, salte por el balcón de la vecina, entre en mi casa y cerré todas las puertas y ventanas, el edificio sigue sin corriente, será mejor esperar a que venga alguien, la hija de la vecina anda suelta por el bloque y no quiero volver a encontrarme con ella, de eso estoy seguro.
Mi mejor plan es quedarme en casa y vigilar que nadie entre, me pregunto que será del resto de vecinos del edificio.
Debajo de mi vive una pareja de ancianos encantadora, la Sra. Elena es muy simpática, ella está en silla de ruedas y su marido el Sr. Juan la acompaña a todas partes, son inseparables. Esta mañana cuando salí a comprar el pan me extrañó mucho no encontrármelos de camino al supermercado como cada día, siempre están sentados en los bancos de la plaza. Menudo día libre el mío, la verdad, prefiero trabajar de sol a sol. Mi trabajo no estaba nada mal, cuando hacen ferias de arte en el museo me pasan cosas muy curiosas, tengo muchas anécdotas que contar. Una vez al empezar el servicio, me quedé mirando un cuadro enorme que colgaba justo al entrar en la galería, creo recordad que era de un pintor Valenciano, no me acuerdo de su nombre solo de que es un fuera de serie. Vaya estilazo que tiene, el tío pinta masas de gente corriendo con efecto de pegotes de pintura, aquél cuadro era una pasada. Menudo artista.
El expositor de la galería me preguntó que si me gustaba, al parecer aquella pintura costaba ciento cincuenta mil euros, si si... 150.000€, el tema esta en que me ofreció tres mil euracos por encontrar a un comprador.
Otra vez me paso que una de las mujeres mas importantes de Cataluña, la ex de un tío con mucho pasta, una mujer mayor de unos 80 años mas o menos, bien vestida y elegante entre otras cosas. Estaba enfermando de Alzheimer, su hija me pidió por favor que le hechara un vistazo a su madre por que se podía perder, de hecho la tuve que traer de la calle varias veces, no podía quitarle el ojo de encima, enseguida se desorientaba. Cuando no era una cosa era la otra, también se ponía a recoger las colillas que se encontraba por fuera del museo, pobre mujer, no es consciente. Creo que me voy a echar un poco para reponer fuerzas, estoy cansado, corto y cambio.
Nota: Hay cosas que no se pueden comprar con dinero.